Soy COO de Fundamentia, una deep-tech española de IA. Dirijo operaciones, producto y la función comercial con responsabilidad de P&L y un equipo de unas quince personas.
Mi sello es el pragmatismo: no todo problema necesita un LLM. Algunos piden sistemas deterministas; la mayoría de los entornos empresariales necesitan ambos, y ahí es donde un proyecto de IA suele triunfar o fracasar.
He llevado esa disciplina a entornos muy exigentes —la mayoría de los grandes bancos de España operan procesos documentales sobre SimplÿData, la plataforma que construyó mi equipo, bajo GDPR y la EU AI Act— y el mismo enfoque sirve para cualquier empresa que quiera convertir la IA en eficiencia real.
Trabajo en inteligencia artificial desde 1988. El léxico ha cambiado varias veces; las matemáticas, no.